
Desde un tiempo a esta parte los paros universitarios se han transformado en moneda corriente en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Los docentes académicos luchan para hacer valorizar su trabajo y conseguir un mejor salario. Y para lograrlo utilizan la medida de fuerza más utilizada en los ámbitos educativos: el no dictamen de clases. De esta manera los principales damnificados son los alumnos, que entre cosas, ve como su año educativo transita fragmentado provocando una serie de inconvenientes.
Mientras el gobierno hace oídos sordos a una situación que es problemática en todas las universidades publicas del país, la lucha por un mejor sistema universitario pareciera ser que se disputa en el limbo. Docentes, no docentes y alumnos con diversos intereses dividen el medio universitario posibilitando que el sistema impuesto no pueda ser abolido.
Después de la implementación de la Ley de Educación Superior(24.521) en el gobierno de Carlos Menem a mediados de la década del 90 el sistema educativo se convirtió -como todo aquello que rozo el neoliberalismo- en una mercancía. La ley trajo muchas consecuencias irreparables en las universidades públicas del país: un considerable recorte en el presupuesto; una marcada elitización (solo el 2 % de los jóvenes en edad de educación terciaria ingresan a la universidad); modificación en los planes de estudio (el sistema curricular fue establecido por el FMI y el Banco Mundial, teniendo en cuanta sus intereses hegemónicos) y marcada desmovilización de sus actores.
Hoy las universidades ante los ojos de algunos sectores de la sociedad son “templos”, donde el acceso es para unos pocos. Para lograr un país equitativo y popular es imprescindible que la clase trabajadora y los estudiantes conjuguen su accionar político – social. Es ineludible que los universitarios devuelvan al pueblo lo que este les posibilitó conseguir en una universidad libre y gratuita: el conocimiento. Y una de las formas es asimilando que la universidad es de toda la sociedad.
Si bien es cierto que el problema salarial afecta a los docentes, es apropiado que asimilen que el meollo de la cuestión va más allá del salario. La universidad pública esta en decadencia y de la única forma que se pueda solucionar es que los claustros universitarios luchen en conjunto.
Mientras el gobierno hace oídos sordos a una situación que es problemática en todas las universidades publicas del país, la lucha por un mejor sistema universitario pareciera ser que se disputa en el limbo. Docentes, no docentes y alumnos con diversos intereses dividen el medio universitario posibilitando que el sistema impuesto no pueda ser abolido.
Después de la implementación de la Ley de Educación Superior(24.521) en el gobierno de Carlos Menem a mediados de la década del 90 el sistema educativo se convirtió -como todo aquello que rozo el neoliberalismo- en una mercancía. La ley trajo muchas consecuencias irreparables en las universidades públicas del país: un considerable recorte en el presupuesto; una marcada elitización (solo el 2 % de los jóvenes en edad de educación terciaria ingresan a la universidad); modificación en los planes de estudio (el sistema curricular fue establecido por el FMI y el Banco Mundial, teniendo en cuanta sus intereses hegemónicos) y marcada desmovilización de sus actores.
Hoy las universidades ante los ojos de algunos sectores de la sociedad son “templos”, donde el acceso es para unos pocos. Para lograr un país equitativo y popular es imprescindible que la clase trabajadora y los estudiantes conjuguen su accionar político – social. Es ineludible que los universitarios devuelvan al pueblo lo que este les posibilitó conseguir en una universidad libre y gratuita: el conocimiento. Y una de las formas es asimilando que la universidad es de toda la sociedad.
Si bien es cierto que el problema salarial afecta a los docentes, es apropiado que asimilen que el meollo de la cuestión va más allá del salario. La universidad pública esta en decadencia y de la única forma que se pueda solucionar es que los claustros universitarios luchen en conjunto.
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